viernes, 3 de julio de 2015

Un fotógrafo debe cargar con pasión: Roberto Armocida

Aquí empieza la patria. Crédito de Roberto Armocida




La exposición “BC_15: Fotografía y Documento” muestra la experiencia del fotógrafo italiano que captó las imágenes icónicas del conflicto con la policía y los jornaleros en San Quintín 
Texto de Natalia Rivera Lugo

Tijuana, 3 de julio.- Para el fotógrafo Roberto Armocida el elemento que todo fotógrafo debe cargar, además de una buena cámara es "la pasión, sin pasión no hace ni 20 metros aunque tenga la mejor lente del mundo, los mejores zapatos, sin pasión no se hace nada”.

Fiel a la filosofía del padre del fotoperiodismo, el francés Henri Cartier-Bresson, mantiene que un fotógrafo tiene que estar en el momento justo y el lugar indicado, explica “una buena foto la puedes encontrar en el punto más banal del planeta, un niño parado sobre el mapa, enfrente de la reja, juntos los dos elementos en ese preciso instante, el parado sobre Tijuana, te hace esta carita inquisitiva, demandante, ya tienes una imagen interesante”.

Esta fotografía fue la primera imagen publicada en las redes sociales de La Jornada Baja California, la cual junto con 36 fotografías forma parte de la exposición titulada: "BC_15: Fotografía y Documento", nombre que alude al archivo fotográfico compilado para este medio por el fotógrafo italiano Roberto Armocida.

La selección de fotos por el propio expositor está compuesta su experiencia de varios meses en Baja California, hay fotos de Tijuana, de Tecate, de San Quintín, donde explica que “El hilo conductor es el aspecto fotoperiodístico, blanco y negro es una decisión que yo siempre tomo en ciertos temas que son muy fuertes para no desviar la atención de lo que yo considero importante: el rostro y la mirada de la gente”. 

Hace énfasis en que las imágenes sobre ciertos temas como “Las fotos de pobreza, de condiciones de vida desfavorables no uso colores bonitos porque desvían la atención, el blanco y negro nos concentra sobre elementos clave de la imagen como lo es la expresión, el mensaje final de la imagen”.

Respecto a la experiencia de documentación en el conflicto del 9 de mayo de 2015 entre la Policía Estatal Preventiva y la comunidad triqui en San Quintín, explica, “fue un pico de violencia que sorprendió a todo mundo, lo esperábamos pues un día anterior habían lanzado piedras, pero ese día todo mundo se fue y el quedarnos Javier Cruz, Olga Aragón y yo fue una gran decisión pues ese trabajo es único porque no había nadie más, devastar una estación de policía eso no es de todos los días, ver a los policías fugarse y abandonar su propio sitio”.

Al preguntarle si tuvo dificultades para hacer las fotografías que fueron la portada de La Jornada y varios diarios a nivel nacional, cuenta que “para hacer estas fotos, los policías me empujaban con los escudos, me patearon por hacer la foto que ven aquí y también me alcanzaron algunas piedras y trancazos, pero después las negociaciones de los jornaleros tomaron un rumbo distinto, en época de elecciones, nadie quería sangre en la calle, ahora de los acuerdos no están cumpliendo casi nada, yo creo que eso se arma otra vez, es una burla de un burlón que te ha burlado, hay que estar atento a esos temas”.

Portada del diario La Jornada, el domingo 10 de mayo de 2015.

Para Roberto Armocida, la imagen tiene un poder de síntesis, de descripción, que ni la televisión ni el cine tiene, explica que “la fuerza de una imagen nunca se va a perder, si te fijas bien hay imágenes que nos acompañan toda la vida, las tenemos plasmadas en nuestra memoria como capítulos, eso no se pierde, si te digo Tiananmen, el Muro de Berlín, hay imágenes ícono que no puedes olvidar, perdura más una sola imagen que una secuencia”.

Sobre el auge fotográfico en la vida cotidiana, comenta que “el año pasado se tomaron más fotografías que en cualquier otro año de la historia, los instrumentos permiten esto, hay un consumo diferente de la imagen, la fotografía está en manos de todos, lo cual no los convierte en un fotógrafo, técnicamente sí, pero no profesionalmente”.
Justo Roberto Armocida cumple 30 años de trabajo como fotoperiodista, profesión que le ha llevado documentar procesos políticos y conflictos en Costa Rica, Panamá, Europa del Este, Ciudad de México y ahora en el estado de Baja California.

La exposición contó con el apoyo del Instituto de Fotografía del Noroeste y el Instituto Municipal de Arte y Cultura que prestó la sala Benjamín Serrano de la Casa de Cultura Altamira, en donde "BC_15: Fotografía y Documento" se exhibirá hasta el 2 de agosto.

En los pasillos de este centro cultural se exhibe "Capturando la luz" con 40 imágenes de los alumnos del taller de fotografía, exposiciones que se enmarcan en el 126 aniversario de la ciudad de Tijuana.

lunes, 30 de marzo de 2015

Poemas hallados dentro de un bolsillo

Ser célebre no es nada hermoso
Boris Pasternak

Ser célebre no es nada hermoso
lo que eleva al hombre no es eso
no se trata de conquistar distinciones
no se trata de temblar sobre manuscritos

El fin de la creación es el don de uno mismo,
no son el ruido ni el éxito
es deshonroso, cuando no vale gran cosa
querer ser siempre una leyenda

Hay que vivir sin usurpación,
vivir de tal modo que al fin
se conquiste el amor de las gentes
y se escuche la llamada del porvenir

Hay que dejar ciertamente, blancos,
más no en el papel, sino en el destino
personal, señalar los márgenes
con los crueles y capítulos de la vida

Hay que abandonarse al olvido,
ocultar los pasos en él,
como se oculta el paisaje en la bruma
cuando, de pronto, ya no se ve nada

Otros seguirán tu huella viva, otros
andarán tu camino paso tras paso
pero entre la derrota y el triunfo
no eres tú quien distinguirás

No, no hagas el menor gesto
para renegar de tu propio rostro
tu deber es seguir vivo, vivo,
seguir, solamente vivo hasta el fin. 

A solas
Alfonso Reyes, Río de Janeiro, 1938. 


Prefiero, para pensarte,  
la soledad donde reinas,
tan altamente radiosa
que la empaña tu presencia.

No creí que llegaría,
vencida toda la fuerza,
a ceñirte con mis ansias
mejor que con mis cadenas.

Chispa en el vuelo captada,
sagrada cosa ligera,
te mudas para vivir 
de constancia y transparencia.

Dulce fuego ya, perduras;
por los sentidos te entregas, 
y asciendes luego a la cumbre
donde te asfixias de ilesa.

¿Qué sortilegio rompió
esta natural corteza?
¿Quién desató las amarras
que te tenían sujeta?

En vértigo superior,
toda giras, toda vuelas,
en mi sueño angelicada,
más cerca de tí, más cierta.
Más cerca de mí. La duda
que el filósofo aconseja,
si no te forjé yo mismo
a mí oido cuchichea.
Y en el agudo argumento 
que la duda desmadeja,
me voy desangrando a solas 
y otra vez solo me dejas. 

En la mujer está el secreto del erotismo: De Ita

Tijuana, 22 de marzo.- Fernando de Ita mantiene una relación constante con Baja California. Visitar a sus "amores", como él mismo describe, escribir algún reportaje, ofrecer un curso de periodismo cultural o presentar una obra, cualquiera es ocasión para estar en esta frontera.
En entrevista con La Jornada Baja California, el dramaturgo, crítico de teatro, ensayista y periodista cultural recuerda parte de su trayectoria y explica su obra "Sexo sentido".

Federico Campbell en su última conferencia dijo en el mismo espacio donde se realizará la obra que usted dirige “Sexo sentido”, que para él uno de los grandes misterios de la vida humana, es el sexo.  En este sentido el título juega con las palabras, ¿Es el sexo un sentido para la vida?
- “El sexo sentido” es de alguna manera la continuación de una obra que la actriz Morena González y yo hicimos hace 10 años, una obra de Darío Fo, premio Nobel de Literatura que yo entrevisté hace muchos años y me dio los derechos de una obra que se llamó “Sexo seguro”, en México y nosotros le pusimos “Sexo para todos” y estuvimos tres años dando vueltas por todo el país.
Yo aprendí con Darío Fo que la risa es un giro de la inteligencia y que gracias al humor puedes hablar de cosas muy serias sin que la gente se dé cuenta que estás tocando temas sustanciales como es el sexo, pero más que el sexo el erotismo.
Tengo en la memoria una frase de Octavio Paz que hace en “La llama doble”: “El sexo es la parte primigenia, la parte original, es la semilla de la vida, pero el erotismo es tallo y el amor es la flor”.
Me gusta mucho porque exactamente lo puedes ver en todas partes, en los medios, en la calle, en las conversaciones, en el facebook; está lleno de sexo, pero no de erotismo, es decir, esta parte animal, inmediata que es vital para la sobrevivencia del ser humano, para muchas plantas y animales se convierte en erotismo cuando es una parte cultural, es una creación, es una construcción de la sexualidad y entonces nosotros lo que queremos es despertar ese sentido.


El público de la obra está enfocado a la mujer, ¿por qué eligieron específicamente al perfil de la mujer mexicana?
- Yo creo que la mujer es un ser liberado, aunque es más reprimido precisamente por las condiciones sociales es un ser más abierto, más arriesgado en muchos sentidos; en este país somos muy "machines", ya ves lo que dice el gobernador de Baja California de las mujeres, lo somos gracias a la mujer.
Cuando menos yo literariamente tengo gran libertad y mucha gente me dice "esto parece escrito por una mujer" puesto que está a favor de la liberación de la mujer, está a favor del erotismo. Teóricamente uno puede estar con ellas todo el tiempo, ya en la práctica es un poco más complicado para los hombres.
Es ver el erotismo a partir de la visión femenina y “Sexo sentido”, como observamos precisamente para hacer el juego de palabras, sino porque también es un sentido, el erotismo que hay que desarrollar. Ahora en las escuelas hablan de la sexualidad lo indican solo biológicamente, el erotismo se tiene que ir descubriendo, ahora que mencionas a Campbell, que es uno de los grandes misterios de la vida porque es una creación, una recreación, es el trabajo de la imaginación.
Nosotros de una manera muy humorística decimos a la mujer que debe descubrir su cuerpo, su imaginación, en la libertad sensual hay un universo verdaderamente espléndido, maravilloso, la mujer se arriesga más, los hombres somos más restringidos, aunque pueden ser muy pervertidos, yo creo que el secreto del erotismo está en el sexo femenino.

Para contrastar, ¿exactamente cómo cree que es el perfil sexual del hombre mexicano?
- De nuevo tengo que citar a Octavio Paz cuando describe un perfil de lo que es el mexicano en “El laberinto de la soledad”, donde descubre que realmente son “hijos de la chingada”. Nuestro mestizaje nace del encontronazo de dos civilizaciones: la indígena y la española, menciono la palabra chingar, no por ofender a nadie, sino para usar un verbo que además es aceptado por la Real Academia de la Lengua Española y porque determina muy bien el carácter del mexicano, es un hombre chingado de muchas maneras.
Paz hizo este ensayo en los años 50, ahorita tiene vigencia en unos sentidos y en otros no evidentemente, antropológicamente el mexicano ha evolucionado muchísimo.
Si un gobernante se atreve a decir públicamente que la mujer debe estar en su casa, en la cocina y traerle las pantuflas al hombre, eso determina muchísimo la psicología del mexicano común, cuando lo dice una gente de poder vemos que no es nada más en estratos iletrados o que viven al día, también en los estratos que llamamos altos; aunque en este caso no habría que hablar de altura sino de bajeza, pero el mexicano es un hombre reprimido, es un hombre que piensa que puede tener la libertad de hacer todo lo que quiera.
Ahora que estamos en la Sala Carlos Monsiváis, pero que ya sabes la imagen clásica, le digo Monsi porque fue mi padrino periodístico, se burlaba que el mexicano es la prostituta que vive su sexualidad abierta; su esposa debe ser santa, devota, fiel y por desgracia todavía permeando en muchos sectores.
Tengo la esperanza de que los jóvenes empiecen a cambiarlo y por la mujer, las chavas ya no le permiten este machismo tan desbocado, ya tienen otra libertad, otra propuesta erótica; ellas se permiten conquistar al hombre, el mexicano común priva esta imagen patrimonialista donde la mujer es un objeto, no un sujeto.
Yo he tenido tres pasiones en la vida, las mujeres, los viajes y la literatura. He aprendido muchísimo exactamente de ellas, evidentemente sin ellas el erotismo no se cumple.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Ryszard Kapuscinski: Los cínicos no sirven para este oficio


Nació el 4 de marzo de 1932 en Pinsk, Polonia. Murió en el 2007. Polaco, estudió historia pero se dedicó al periodismo. 
 
Ryszard Kapuściński, photo: Marek Billewicz/East News

Definió un modo de ser periodista.  Hablo de manipulación de los medios; denunciando la omisión de temas en la prensa internacional, como lo fue el genocidio en Ruanda o la persecución de minorías religiosas en Irán. “Las noticias del día deciden que pensamos del mundo y cómo lo pensamos” 

Sobre la guerra del golfo en los noventas subrayó la cobertura mediática “200 equipos de televisión se encuentran en la zona (...) así todos acaban observando no la vida real, sino a la competencia”

Decidido, su estilo no proponía la imparcialidad como norma, sino que creía que “el verdadero periodismo es intencional, a saber: aquél que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio.


“Cuando empecé a escribir sobre estos países, donde la mayoría de la población vive en la pobreza, me di cuenta de que aquél era el tema al que quería dedicarme. Escribía, por otro lado, también por algunas razones éticas: sobre todo porque los pobres suelen ser silenciosos. La pobreza no llora, la pobreza no tiene voz. La pobreza sufre, pero sufre en silencio. La pobreza no se rebela. Encontraréis situaciones de rebeldía sólo cuando la gente pobre alberga esperanza. Entonces se rebela, porque espera mejorar algo. En la mayor parte de los casos, se equivoca; pero el componente de la esperanza es fundamental para que la gente reaccione. En las situaciones de pobreza perenne, la característica principal es la falta de esperanza. Si eres un pobre agricultor en un pueblo perdido de la India, para ti no hay esperanza. La gente lo sabe perfectamente. Lo sabe desde tiempos inmemoriales. Esta gente no se rebelará nunca. Así que necesita que alguien hable por ellos. Ésta es una de las obligaciones morales que tenemos cuando escribimos sobre esta parte infeliz de la familia humana. Porque todos ellos son nuestros hermanos y hermanas pobres. Que no tienen voz”

Estar, ver,oír, compartir, pensar son las características a desarrollar para todo aquél que quiera dedicarse a escribir lo que acontece.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Selección de sueños

El sueño infinito de Pao Yu *(Dream within a dream)

Pao Yu soñó que estaba en un jardín idéntico al de su casa. ¿Será posible, dijo, que haya un jardín idéntico al mío? Se le acercaron unas doncellas. Pao Yu se dijo atónito: ¿Alguien tendrá doncellas iguales a Hsi-Yen, Pin-Erh y a todas las de casa? Una de las doncellas exclamó:

-Ahí está Pao Yu. ¿Cómo habrá llegado hasta aquí?

Pao Yu pensó que lo habían reconocido. Se adelantó y les dijo:

-Estaba caminando; por casualidad llegué hasta aquí. Caminemos un poco.

Las doncellas se rieron.

-¡Qué desatino! Te confundimos con Pao Yu, nuestro amo, pero no eres tan gallardo como él.

Eran doncellas de otro Pao Yu.

-Queridas hermanas -les dijo- yo soy Pao Yu. ¿Quién es vuestro amo?

-Es Pao Yu -contestaron-. Sus padres le dieron ese nombre, que está compuesto de los dos caracteres Pao (precioso) y Yu (jade), para que su vida fuera larga y feliz. ¿Quién eres tú para usurpar ese nombre?

Se fueron, riéndose.

Pao Yu quedó abatido. "Nunca me han tratado tan mal. ¿Por qué me aborrecerán estas doncellas? ¿Habrá, de veras, otro Pao Yu? Tengo que averiguarlo".

Trabajado por esos pensamientos, llegó a un patio que le pareció extrañamente familiar. Subió la escalera y entró en su cuarto. Vio a un joven acostado; al lado de la cama reían y hacían labores unas muchachas. El joven suspiraba. Una de las doncellas le dijo:

-¿Qué sueñas, Pao Yu, estás afligido?

-Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron y me dejaron solo. Las seguí hasta la casa y me encontré con otro Pao Yu durmiendo en mi cama.

Al oír este diálogo Pao Yu no pudo contenerse y exclamó: -Vine en busca de un Pao Yu; eres tú.

El joven se levantó y lo abrazó, gritando: -No era un sueño, tú eres Pao Yu.

Una voz llamó desde el jardín: -¡Pao Yu!


Los dos Pao Yu temblaron. El soñado se fue; el otro le decía: -¡Vuelve pronto, Pao Yu!.


Pao Yu se despertó. Su doncella Hsi-Yen le preguntó: -¿Qué sueñas Pao Yu, estás afligido?


-Tuve un sueño muy raro. Soñé que estaba en un jardín y que ustedes no me reconocieron...

Tsao Hsue-King, Sueño del aposento rojo, (1754)

pp. 18


El soñado


Carezo de realidad, temo no interesar a nadie. Soy un guiñapo, un dependiente, un fantasma. Vivo entre temores y deseos; temores y deseos que me dan vida y que me matan. Ya he dicho que soy un guiñapo.

Yazgo en la sombra, en largos e incomprensibles olvidos. De pronto me obligan a salir a la luz, una luz ciega que casi me asegura la realidad. Pero luego se ocupan otra vez de ellos y me olvidan. De nuevo me pierdo en la sombra, gesticulando con ademanes cada vez más imprecisos, reducido a la nada, a la esterilidad.

La noche es mi propio imperio. En vano trata de alejarme el esposo, crucificado en su pesadilla. A veces satisfago vagamente, con agitación y torpeza, el deseo de la mujer que se defiende soñando, encogida, y que al fin se entrega, larga y blanda como una almohada.

Vivo una vida precaria, dividida entre estos dos seres que se odian y se aman, que me hacen nacer como un hijo deforme. Sin embargo, soy hermoso y terrible. Destruyo la tranquilidad de la pareja o la enciendo con más cálido amor. A veces me coloco entre los dos y el íntimo abrazo me recobra, maravilloso. El advierte mi presencia y se esfuerza en aniquilarse, en suplirme. Pero al fin, derrotado, exhausto, vuelve la espada a la mujer, devorado por el rencor. Yo permanezco junto a ella, palpitante, y la ciño con mis brazos ausentes que poco a poco se disuelven en el sueño.

Debí comenzar diciendo que todavía no he acabado de nacer, que soy gestado lentamente, con angustia, en largo y sumergido proceso. Ellos maltratan con su amor, inconscientes, mi existencia de nonato.

Trabajan largamente mi vida entre sus pensamientos, manos torpes que se empeñan en modelarme, haciéndome y deshaciéndome, siempre insatisfechos.

Pero un día, cuando den por azar con mi forma definitiva escaparé y podré soñarme yo mismo, vibrante de realidad. Se apartarán el uno del otro. Y yo abandonaré a la mujer y perseguiré al hombre. Y guardaré la puerta de la alcoba, blandiendo una espalda flamígera.

Juan José Arreola, Confabulario total, (1962)

pp. 183




Mandala de Carl Jung

Lo consciente y lo inconsciente


En su autobiografía, Jung narra un sueño impresionante. (Pero cuál no lo es.) Hallábase frente a una casa de oración, sentado en el suelo en la posición del loto, cuando advirtió a un yogui sumido en meditación profunda. Se acercó y vio que el rostro del yogui era el suyo. Presa de terror, se alejó, despertó y atinó a pensar: Es él el que medita; ha soñado y soy yo su sueño. Cuando despierte ya no existiré.

Rodericus Bartius, Los que son números y los que no lo son (1964)

Pp. 202




Relatos tomados de: Libro de sueños, Jorge Luis Borges, Editorial Debolsillo, México, 2013.

lunes, 28 de julio de 2014

Miguel Hernández para saciar la sed de poesía.

Mis ojos sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos.

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando cardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor y en mí termina.
--

Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

--
Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de amor y galantía,
clemencia de tu voz la tuya mía
y asistencia el estado en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia! :
me falta el aire tuyo, mi sustento,
y no sé respirar, y me desmayo.

Que venga, Dios, que venga de sus ausencia
a serenar la sien del pensamiento
que me mata con un eterno rayo.

---
Para cuando me ves tengo compuesto,
de un poco antes de esta venturanza,
un gesto favorable de bonanza
que no es, amor, mi verdadero gesto.

Quiero decirte, amor, con sólo esto,
que cuando tú me das a la olvidanza,
reconcomido de desesperanza
¡cuánta pena me cuestas y me cuesto!

Mi verdadero gesto es desgraciado
cuando la soledad me lo desnuda,
y desgraciado va de polo a polo.

Y no sabes, amor, que si tú el lado
mejor conoces de mi vida cruda,
yo nada más soy yo cuando estoy solo.

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La libertad es algo
que sólo en tus entrañas
bate como el relámpago.

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Besarse, mujer
al sol, es besarnos
en toda la vida.

Ascienden los labios
eléctricamente
vibrantes de rayos,
con todo el fulgor
de un sol entre cuatro.

Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte.

Descienden los labios
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

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Fue una alegría de una sola vez,
de esas que son nunca más iguales,
El corazón, lleno de historias tristes,
fue arrebatado por las claridades.

Fue una alegría como la mañana,
que puso azul el corazón, y grande,
más comunicativo su latido,
más esbelta su cumbre aleteante.

Fue una alegría que dolió de tanto
encenderse, reírse, dilatarse.
Una mujer y yo la recogimos
desde un niño rodeado de su carne.

Fue una alegría en el amanecer
más virginal de todas las verdades.
Se inflamaban los gallos, y callaron
atravesados por su misma sangre.

Fue la primera vez de la alegría,
la sola vez de su total imagen.
Las otras alegrías se quedaron
como granos de arena entre los mares.

Fue una alegría para siempre sola,
para siempre dorada, destellante.
Pero es una tristeza para siempre,
porque apenas nacida fue a enterrarse.

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(Antes del odio)
Beso soy, sombra por sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua  en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
dónde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.

Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz qye estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo solo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.

Espesura, mar, desierto,
sangre, monte rodador,
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante y paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?

A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tu brazos mi prisión
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor.

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El palomar de las cartas
abre su imposible vuelo
desde las trémulas mesas
donde se apoya el recuerdo,
la gravedad de la ausencia,
el corazón, el silencio.

Oigo un latido de cartas
navegando hacia su centro.

Donde voy, con las mujeres
y con los hombres me encuentro,
malheridos por la ausencia,
desgastados por el tiempo.

Cartas, relaciones, cartas:
tarjetas postales, sueños,
fragmentos de la ternura
proyectados en el cielo,
lanzados de sangre a sangre,
y de deseo a deseo.

Aunque bajo la tierra 
mi amante cuerpo esté, 
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

En un rincón enmudecen
cartas viejas, sobres viejos,
con el color de la edad
sobre la escritura puesto.
Allí perecen las cartas
llenas de estremecimientos.
Allí agoniza la tinta
y desfallecen los pliegos,
y el papel se agujerea
como un breve cementerio
de las pasiones de antes,
de los amores de luego.

Aunque bajo la tierra 
mi amante cuerpo esté, 
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

Cuando te voy a escribir
se emocionan los tinteros:
los negros tinteros fríos
se ponen rojos y trémulos,
y un claro calor humano
sube desde el fondo negro/
Cuando te voy a escribir
te van a escribir mis huesos:
te escribo con la imborrable
tinta de mi sentimiento.
Allá va mi carta cálida,
paloma forjada al fuego,
con las dos alas plegadas
y la dirección en medio.
Ave que sólo persigue,
para nido y aire y cielo,
carne, manos, ojos tuyos,
y el espacio de tu aliento.
Y te quedarás desnuda
dentro de tus sentimientos,
sin ropa, para sentirla
del todo contra tu pecho.

Aunque bajo la tierra 
mi amante cuerpo esté, 
escríbeme a la tierra
que yo te escribiré.

Ayer se quedo una carta
abandonada y sin dueño,
volando sobre los ojos
de alguien que perdió su cuerpo.
Cartas que se quedan vivas
hablando para los muertos:
papel anhelando, humano,
sin ojos que puedan verlo.

Mientras los colmillos, crecen,
cada vez más cerca siento
la leve voz de tu carta
igual que un clamor inmenso.
La recibiré dormido,
si no es posible despierto.

Y mis heridas serán
los derramados tinteros,
las bocas estremecidas de rememorar tus besos,
y con su inaudita voz
han de repetir: te quiero.  

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Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda,
limpidez cuya entraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra vez es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrasada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.

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Si te perdiera...
Si te encontrara...
bajo la tierra...
bajo la tierra
del cuerpo mío,
siempre sedienta.

My love: Oscar Wilde

Las personas más mecánicas, para quienes la vida es una especulación sagaz supeditada a los cálculos exactos de medios y caminos, siempre saben a donde van y no dudan en ir. Parten del deseo de ser el sacristán de la parroquia y cualquiera que sea la esfera en donde se encuentran situados, logran ser el sacristán y nada más. Un hombre cuya ambición sea ser algo aparte de sí mismo, ser miembro del parlamento, comerciante próspero, juez o cualquier estupidez semejante, de todas todas logra lo que quiere ser. Ese es su castigo. El que quiere una máscara tiene que llevarla.
Sin embargo con las fuerzas dinámicas de la vida, y aquellos en quienes en fuerzas dinámicas se encarnan, no ocurre lo mismo. Las personas cuya ambición es sólo la autorrealización no saben a dónde van. No lo pueden saber. En un sentido de la palabra es necesario indudablemente, como decía el oráculo griego, conocerse a uno mismo, ése es el primer logro del conocimiento. No obstante, reconocer que el espíritu de un hombre es inescrutable es el logro último de la sabiduría. El misterio final es uno mismo.
Óscar Wilde, en De Profundis.